El día 10 de abril de 2008 el Banco Central (BC) comunicó su decisión de intervenir el mercado cambiario para fortalecer su posición en dólares. Para cumplir con dicho propósito decidió incrementar sus reservas por medio de la compra de US$8.000 millones. En mi opinión, este fortalecimiento en reservas no fue más que un eufemismo comunicacional, para disimular su verdadera finalidad cual es controlar la fuerte caída del tipo de cambio. Dicho propósito surge de la fuerte presión política y de grupos de interés, que han venido argumentando que con la política del BC de dejar evolucionar libremente el dólar se ponía en riesgo el modelo exportador.
Para poder dimensionar los efectos de esta intervención es prudente observar algunos hechos económicos de estos últimos dos meses: i.- el tipo de cambio incrementó su valor de $440 a cifras superiores a los $500 por dólar, ii.- el IPC acumulado a 12 meses se ubica en un preocupante 9,5% (IPC 2007 fue de un 7,5%), iii.- la tasa de política monetaria se incrementó desde un 6,25% a un 6,75%, iv.- la tasas hipotecarias se han elevado producto del proceso de esterilización del BC, v.- el IMACEC muestra una preocupante desaceleración y, finalmente vi.- el precio del petróleo llega a cifras récord, superando incluso los US$140 dólares el barril.
Entonces, es pertinente preguntarse a la luz de los acontecimientos económicos anteriormente señalados, si existe alguna justificación técnica que permita entender que por acumular US$8.000 millones de dólares el BC haya sacrificado en parte su compromiso de controlar la inflación. Entendámonos, cuando el BC interviene para acumular reservas está consciente que con ese proceso inyecta liquidez a la economía, lo cuál es contraproducente cuando la inflación está absolutamente descontrolada. Para evitar este efecto expansivo realiza un proceso de esterilización mediante la venta de bonos en pesos, lo que ha incrementado las tasas de largo plazo, y en especial la de los créditos hipotecarios, generando un efecto contractivo. Pero este proceso no lo ejecuta para reducir la inflación, sino tan sólo para equilibrar el efecto expansivo de su intervención. Por último, la acción del BC también presiona al alza el tipo de cambio, lo que consecuencialmente encarece miles de productos importados que inevitablemente impulsan la inflación (el barril del petróleo hoy nos cuesta en torno $74.000 pesos, de los cuales aproximadamente $12.000 son producto de la mencionada intervención). Ante este escenario es posible preguntarse, ¿el BC sacrifica inflación, o castiga actividad sólo para acumular reservas? Ello resultaría insólito, poco creíble, y la respuesta lógica sería que sólo pudo haber hecho este sacrificio para frenar las presiones políticas y de grupos de interés por el bajo precio del dólar.
En definitiva, al intervenir el BC de la manera señalada, ha incurrido en varios errores de fondo que ya son imposibles de soslayar. Primero, el objetivo del BC es controlar la inflación y no mantener en un “valor prudente” el tipo de cambio. Segundo, al intervenir en pos de apuntalar el dólar, el BC está afectando artificialmente la asignación de recursos de la economía, transfiriendo riqueza de un sector económico en desmedro de otro. Tercero, el BC ha dado señales erradas, buscando objetivos contrapuestos lo que ha generado una fuerte pérdida en su de credibilidad. Dado lo anterior es necesario que el BC abandone su política de intervención y reoriente sus políticas hacia el control de la inflación, que es la tarea verdaderamente urgente.
Para poder dimensionar los efectos de esta intervención es prudente observar algunos hechos económicos de estos últimos dos meses: i.- el tipo de cambio incrementó su valor de $440 a cifras superiores a los $500 por dólar, ii.- el IPC acumulado a 12 meses se ubica en un preocupante 9,5% (IPC 2007 fue de un 7,5%), iii.- la tasa de política monetaria se incrementó desde un 6,25% a un 6,75%, iv.- la tasas hipotecarias se han elevado producto del proceso de esterilización del BC, v.- el IMACEC muestra una preocupante desaceleración y, finalmente vi.- el precio del petróleo llega a cifras récord, superando incluso los US$140 dólares el barril.
Entonces, es pertinente preguntarse a la luz de los acontecimientos económicos anteriormente señalados, si existe alguna justificación técnica que permita entender que por acumular US$8.000 millones de dólares el BC haya sacrificado en parte su compromiso de controlar la inflación. Entendámonos, cuando el BC interviene para acumular reservas está consciente que con ese proceso inyecta liquidez a la economía, lo cuál es contraproducente cuando la inflación está absolutamente descontrolada. Para evitar este efecto expansivo realiza un proceso de esterilización mediante la venta de bonos en pesos, lo que ha incrementado las tasas de largo plazo, y en especial la de los créditos hipotecarios, generando un efecto contractivo. Pero este proceso no lo ejecuta para reducir la inflación, sino tan sólo para equilibrar el efecto expansivo de su intervención. Por último, la acción del BC también presiona al alza el tipo de cambio, lo que consecuencialmente encarece miles de productos importados que inevitablemente impulsan la inflación (el barril del petróleo hoy nos cuesta en torno $74.000 pesos, de los cuales aproximadamente $12.000 son producto de la mencionada intervención). Ante este escenario es posible preguntarse, ¿el BC sacrifica inflación, o castiga actividad sólo para acumular reservas? Ello resultaría insólito, poco creíble, y la respuesta lógica sería que sólo pudo haber hecho este sacrificio para frenar las presiones políticas y de grupos de interés por el bajo precio del dólar.
En definitiva, al intervenir el BC de la manera señalada, ha incurrido en varios errores de fondo que ya son imposibles de soslayar. Primero, el objetivo del BC es controlar la inflación y no mantener en un “valor prudente” el tipo de cambio. Segundo, al intervenir en pos de apuntalar el dólar, el BC está afectando artificialmente la asignación de recursos de la economía, transfiriendo riqueza de un sector económico en desmedro de otro. Tercero, el BC ha dado señales erradas, buscando objetivos contrapuestos lo que ha generado una fuerte pérdida en su de credibilidad. Dado lo anterior es necesario que el BC abandone su política de intervención y reoriente sus políticas hacia el control de la inflación, que es la tarea verdaderamente urgente.
